Cuando se piensa en riqueza patrimonial, innovación urbana y armonía entre tradición y modernidad en Medellín, definitivamente hay que hablar de la Comuna 11, Laureles-Estadio. Este territorio, que se convertiría en uno de los focos turísticos y residenciales más importantes de la ciudad, nació a principios del siglo XX en lo que fueran las antiguas fincas de Otrabanda para, originalmente, albergar a trabajadores de la Cooperativa de Empleados. Más tarde, sin embargo, el arquitecto Pedro Nel Gómez se inspiraría en los principios de la Ciudad Jardín para trazar las calles circulares y las amplias y arborizadas zonas que rodean sitios emblemáticos como la Universidad Pontificia Bolivariana y la Unidad Deportiva Atanasio Girardot, lo que convertiría a la Comuna 11 en un referente de diseño urbano y de bienestar.
Para el año 2025, la Comuna 11 cuenta con alrededor de 120 000 habitantes, distribuidos en 15 barrios, entre los que se destacan Laureles, Carlos E. Restrepo, Estadio, Conquistadores, Naranjal, Las Acacias y Los Colores. Su población pertenece mayoritariamente a los estratos 5 (72,9 %) y 4 (25,6 %), ubicándose así como uno de los sectores de la ciudad con mejores índices de calidad de vida. Pese a esto, la comuna enfrenta los retos que le han traído la urbanización acelerada, el gran flujo de turismo y la cada vez más alta oferta y demanda comercial. Todo esto hace que las dinámicas residenciales tradicionales deban renovarse e invita a buscar nuevos espacios que acojan la pluralidad.
En este territorio diverso, donde conviven el patrimonio arquitectónico, el deporte, la academia, el arte y la vida bohemia, la cultura se mantiene como un eje articulador de identidad y cohesión social del que sus habitantes se sienten muy orgullosos. Es por esto que los procesos comunitarios recientes han priorizado el fortalecimiento y la formación artística, así como la creación y sostenibilidad de productos culturales para locales y visitantes. Estas iniciativas incluyen, además, una apropiación de los espacios culturales mediante el reconocimiento de los escenarios, tanto patrimoniales como recientes, que han albergado y protegido la historia y las manifestaciones culturales de la comuna. Con esto en mente, en el marco del proyecto del CIC, la comunidad desarrolló un proceso de investigación y cocreación participativa en el que confluyeron colectivos artísticos, adultos mayores, organizaciones comunitarias y la Mesa de Cultura.
Este ejercicio permitió priorizar acciones en torno a la memoria y el patrimonio, la visibilización de los actores culturales y la integración de herramientas tecnológicas al servicio de la comunidad.
Como resultado, se consolidaron varios productos de Apropiación Social del Conocimiento (ASC).
A este producto se suman un video sobre memoria y patrimonio, que rescata los lugares y personajes representativos del territorio; un audiovisual de caracterización de actores culturales, que reúne las voces y expresiones de los artistas de la comuna.
Estos productos son, más que registros, herramientas vivas de diálogo entre generaciones, memoria y futuro, y se convierten en una invitación a recorrer, escuchar y habitar la comuna desde una mirada que valora su historia, celebra su diversidad y proyecta su cultura como un bien común de la ciudad.